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CUERPOS (y algo de historia)

28 de Mayo de 2009

En mi trasiego como bajista, repleto de frustraciones, pero también de muchas alegrías, he dado con mis huesos en bastantes tinglados. Tras el lamentable fracaso de aquella prometedora banda llamada Club Autómata (el bueno de Swampman y yo mismo nos seguimos lamentando de aquello), el año pasado ingresé en las filas del nunca bien ponderado Marco Fernández, en lo que por aquel entonces era su banda: los Backstabbers. Aunque esto daría para otra entrada completa, no puedo evitar su mención y ya que estamos el enlace a los documentos gráficos que evidencian lo bien que estaba el asunto: Galería de Marco y los Backstabbers.

Ahora soy un Cuerpo, al igual que los eminentes e intachables Miguel B. Núñez, Rai Robledo y Teresa Cobo. Juntos (y yo incluso menos, que acabo de aterrizar en el asunto) hemos creado un sonido muy personal donde confluyen estilos a mansalva: garage, post-punk, toques psycho, unos tintes tétricos y punk, naturalmente, con letras delirantes muy poco implicadas emocionalmente. Yo la verdad es que estoy encantado, y lo mejor es que la respuesta del público en los conciertos está siendo estupenda.

Hace muy poco nos metimos en el estudio DGR Sónica, regentado por gente de Ginferno y el resultado ya está al alcance de todos: Crecimiento, Ella tiene agallas, Huesos, Pica Don y Mambo número R.

Con todos ustedes: Cuerpos

William Hope (1863-1933): estafador ectoplásmico

27 de Abril de 2009

Sobre el sujeto del que hoy me dispongo a escribir (no confundir con el competente escritor de relatos de horror cósmico-marino) hay abundante información en la red, de forma que no me explayaré demasiado en su logros y desavenencias. No obstante unos breves bocetos quizá sean necesarios. A saber:

Sesión espiritista, según William Hope.

Hope fue pionero en lo que en la época se denominaba “investigador psíquico”, pregonando a los cuatro vientos su fabulosa capacidad para fotografiar espíritus desde la pequeña localidad de Crewe, Inglaterra. Ganó aún más notoriedad fundando y liderando el Círculo de Crewe, una simpática a la par que erudita asociación de cazafantasmas y fotógrafos de lo paranormal.

Todo parecía ir viento en popa hasta que otro venerable experto en el ámbito de las exclusivas aterradoras para los ávidos medios de comunicación de la época, el no menos interesante Harry Price, desenmascaró a nuestro hombre después de haberlo aupado en sus comienzos. Al parecer el secreto de las impactantes instantáneas radicaba en la superposición de vidrios convenientemente trucados.

Lo más curioso es que tras esta humillante evidencia, respetadísimos personajes como nada menos que Sir Arthur Conan Doyle, a priori paradigma de lógica deductiva, siguieron apoyando la causa del bueno de William. También es cierto que no hay más que leer El País de las Brumas para darse cuenta de que el autor de Estudio en Escarlata era un enérgico adepto de la causa espiritista y de las enseñanzas del carismático pionero Allan Kardec. Algo parecido ocurrió previamente con Camille Flammarion, considerado como uno de los más grandes astronomos de la Historia de Francia pero a la vez autor de increíbles tratados como Las Casas Encantadas. O el caso más flagrante: imaginen al indiscutible eslabón científico Thomas Alva Edison en sus últimos estertores de lucidez, visitando camposantos con su flamante invento bajo el brazo, una especie de radiotransmisor para comunicarse con entes del Más Allá. Sí, yo también me pregunto muchas veces por qué me ha tocado vivir en esta época.

Otro ilustrativo retrato de William Hope.

Pero volvamos al meollo de la cuestión: las instantáneas que tan bien ilustran esta entrada son hermosas y perturbadoras. Y auténticas, a pesar de su probada condición fraudulenta. Son un fascinante testimonio de la fiebre que asoló la Europa pudiente previa a la primera hecatombe mundial. Mucho más veraces que cualquier recreación fílmica o literaria actual, en ellas se palpa la vehemente credulidad de una era en la que con cualquier descubrimiento, ya fuese geográfico, eléctrico o botánico, la ciencia potenciaba a la fantasía en lugar de anularla y ésta era tratada con respeto y de manera hasta erudita, aupándola a ciencia en sí misma, no relegándola a superstición del vulgo más ignorante.

Maldita sea, yo quiero creer, y ahora lamentablemente es mucho más difícil.

Más fotografías de William Hope en la Galería de William Hope en Flickr (National Media Museum).

Yo estaré muerto

26 de Abril de 2009

Doblan las campanas
con su funerario.
Doblan las campanas
en el campanario.
Quizás doblen por mí,
con triste concierto.
Yo estaré muerto.

Cuando doblen por mí,
quizás un día
de sol esplendente,
de paz y alegría,
irá el hortelano
cantando a su huerto.
Yo estaré muerto.

Irá el caminante
por bosques de pinos,
por largas veredas,
por largos caminos.
Verá el navegante
de lejos el puerto.
Yo estaré muerto.

Bullirá la gente
por plazas y calles,
volarán las aves
por montes y valles.
Correrá el arroyo,
de flores cubierto.
Yo estaré muerto.

Irán los soldados.
Irán a la guerra.
Irán los misioneros,
cruzando la tierra.
Irán las caravanas,
irán por el desierto.
Yo estaré muerto.

Cuando por mí
doblen su funerario.
Cuando por mí
doblen en el campanario.
Si al abrir la fosa
hallo el cielo abierto,
yo no estaré muerto.

(Extracto de “Globo rojo. Antología de la locura. Recopilación de textos de enfermos mentales del Sanatorio de Mondragón, al cuidado de Leopoldo María Panero)

Recomendación: lectorconstante

Los Doce del Patíbulo (The Dirty Dozen, 1967)

6 de Abril de 2009

Declaro a los cuatro vientos que indudablemente lo mío es el cine y la literatura “de género”. Terror, cine negro, western, ciencia ficción, .. y, naturalmente, el bélico.

Robert Aldrich es uno de esos directores cuya afinidad a todo este maravilloso embrollo muchas veces relegado a lo underground se puede palpar en cada plano. ¿Qué fue de Baby Jane?, Canción de cuna para un cadáver o El Beso Mortal son puro pulp. Y son aterradoramente buenas.

Lo cierto es que acabo de ver la película que da título a esta entrada y no quería dejar pasar un minuto más sin dejar constancia de lo plenamente feliz que me encuentro.

- Y bien… ¿Qué es lo que opina, Sargento?
- Creo que le irá bien, Señor.
- No me venga con ésas. Le he preguntado, ¿qué es lo que piensa, sargento?

(Pausa reflexiva).

- Creo que a la menor oportunidad cualquiera de esos pájaros va a pegarle un tiro en la cabeza, Señor.
- Gracias, Sargento.
- Señor.

(Saludo castrense).

De perros y espejos

12 de Marzo de 2009

- ¿Ha puesto alguna vez un espejo en el suelo y a un perro encima de él?
-No
-El perro mirará hacia abajo, y de pronto se dará cuenta de que nada existe debajo de sus patas. Creerá que se mantiene en el aire y dará un enorme salto.
-¿De verdad?
-Sí, y ése es el aspecto que tiene usted ahora. Como si de pronto se hubiera dado cuenta de que se mantiene en el aire.

Kurt Vonnegut, Matadero 5.

La Tentación de San Antonio (Gustave Flaubert)

3 de Marzo de 2009

Allá por las primeras décadas del siglo XIX se repesentaba en Francia La Tentación de San Antonio de manera itinerante. El espectáculo de marionetas comenzaba con el santo en la Tebaida, en oración, mientras que su compañero, el cerdo, dormía plácidamente. Aparecía Satán y comenzaba el diálogo; el príncipe de las tinieblas llamaba al Infierno y acudía en su ayuda una nube de diablillos a hostigar a San Antonio y a su cerdo. El pobre ermitaño gemía, pero los diablos no escuchaban sus súplicas y querían arrastrarle a su aquelarre; y para colmo de males le quitaban a su compañero. Cuentan las crónicas que, en este momento, los espectadores se unían a las súplicas de Antonio.

Más tarde reaparecía Satán, blandiendo la horca, amenazante, vomitando llamas. Pero Dios Padre, todo de blanco, surgía de una nube de estopa, y con gesto imperioso arrojaba al infierno a los demonios, que amenazaban con destruir la choza del ermitaño. Entonces, el santo se sumía en la adoración del Todopoderoso.

Gustave Flaubert asistió a esto de muy joven, y fue la más temprana y perdurable inspiración para su obra homónima. En ella una tribu de fanáticos africanos conocidos como Circonceliones braman:

¡Nosotros, los santos, para precipitar el fin del mundo, envenenamos, masacramos, incendiamos!

No hay salvación más que en el martirio. Nos arrancamos con tenazas la piel de nuestras cabezas, extendemos nuestros miembros debajo de los arados, nos arrojamos en la boca de los hornos.

¡Condena al Bautismo! ¡Condena a la Eucaristía! ¡Condena al matrimonio! ¡Condena universal!

Otro personaje carismático es El Buda, y Se expresa así:

Me faltaba la tentación del Diablo.
Lo llamé.
Acudieron sus hijos, horrorosos, cubiertos de escamas, nauseabundos como montones de cadáveres, aullando, silbando, bramando, entrechocando sus armaduras con huesos de muertos. Algunos lanzaban llamas por las narices, otros dejaban todo a oscuras con sus alas, otros llevaban rosarios de dedos cortados, otros bebían veneno de serpiente en los huecos de sus manos; tenían cabezas de cerdo, de rinoceronte o de sapo, todo tipo de rostros que inspiraban repugnancia y terror.

Así, tras la asistencia a lo que a priori era un didáctico y moralizante espectáculo juvenil, el futuro autor de Madame Bovary escribió la que calificó como la obra de su vida. Es cierto que más tarde se nutriría del archiconocido cuadro de Brueghel o de los escritos de Goethe y Espinoza, pero la llama se prendió en este primer pase, en un teatrucho móvil concebido para sacar cuatro perras al crédulo público rural de la época.

Y es cierto, el que aquí subscribe en este recóndito diario recuerda los primeros visionados de ciertas películas o sus primeros cuentos leídos mucho más vivamente que influencias posteriores. Hagan un favor a la Humanidad y, si tienen hijos, pónganles a ver El Cuentacuentos. O, qué sé yo, algo moderno pero igualmente válido (¿Lo hay?). Generen pequeños monstruillos impresionables y crearán genios en potencia. Además, en el país de los ciegos…

Ratas

26 de Febrero de 2009

La gente no tiene conciencia de las condiciones del subsuelo, ni de los niveles. La gente no es consciente de que ahí abajo se encuentran cosas de la Revolución. No saben que aquí no hay más que capas de asentamientos, de que las cosas se superponen unas a otras, de que se tapian, se cubren y todo eso. Estas capas no son accesibles para las personas, pero sí para las ratas. Y allá abajo hay ratas que a lo mejor nunca han visto la superficie. Si subieran, acabarían con las personas. Como en las películas. Mira, sólo vemos la cola del asunto. Y sólo vemos a las ratas más débiles, las que se ven obligadas a salir para comer.

Larry Adams, Control de Plagas.
Ratas
, de Robert Sullivan.

Paréntesis

1 de Febrero de 2009

Estimados lectores,

Este diario queda temporalmente estancado. Se trata de un paréntesis necesario derivado de los vertiginosos cambios y sucesos de la vida real del que aquí suscribe. La actividad volverá en el mes de marzo a más tardar, se lo prometo.

Afectísimamente suyo:
El Barón.

The land of ice, and of fearful sounds where no living thing was to be seen.

And through the drifts the snowy clifts
Did send a dismal sheen :
Nor shapes of men nor beasts we ken–
The ice was all between.

Coleridge.

En un lugar solitario (Joy Division)

23 de Diciembre de 2008

Tras el esperado visionado de Control junto a la incomparable Teresa llegamos a las necesarias conclusiones sobre sus luces y sombras; que si demasiado enfocada en la disyuntiva amorosa del pobre Ian, que si apenas incide en materia compositiva o de banda, que a veces Corbijn consigue explicar casi la película al completo con un solo plano… En fin, una suerte de opiniones bien dispares que gustoso estaría dispuesto a comentar con un buen café delante pero no en esta entrada, cuyo propósito es otro.

Control acaba con Atmosphere, un temazo como una catedral y de lo más apropiado para semejante final, pero bien podría haber tenido lo siguiente el colofón:

In a Lonely Place
Pinche usted para descargar. Estaría muy feo continuar leyendo sin escuchar lo que tan amablemente aquí les ofrezco.

Puedo decir, sin temor a que la exaltación del momento me influya demasiado, que se trata de la canción más fúnebre y a la vez solemne y hermosa que nunca haya escuchado, un auténtico epitafio sonoro que desprende muerte y desolación en cada una de sus notas. A la brutal carga emotiva de la propia composición, añadamos el hecho de que se trate de una maqueta cuya casi inexistente producción dota al conjunto de ese halo frío, lejano y perturbador que equivaldría en lo visual a una vieja construcción derruida, con la consiguiente inyección de emociones que estas localizaciones nos producen (más a unos que a otros).

Y como ocurre con el demoledor ¿Dónde acabará todo esto? de The Day of the Lords o el angustioso ¿Dónde han estado? referente a los misteriosos y torturados individuos de Decades, el estribillo-lamento de En un lugar solitario se graba con fuego en la memoria por su monumental fuerza evocadora:

How i wish you were here with me now

Díganme, después de haber asimilado la escucha… ¿Alguien se extraña del desenlace de esta historia?

Iván el Terrible

12 de Diciembre de 2008

Iván ya torturaba animales desde edades muy tempranas. Con apenas 12 años mandó arrojar a cierto noble boyardo a una jauría de perros hambrientos que lo devoró vivo.

Ya afianzado en el poder, Iván creó la la Oprichnina, cuyos miembros, los oprichniki, una suerte de monjes guerreros de riguroso luto y cuyos caballos también eran negros, sembraron el terror por todo el territorio ruso, ejecutando arbitrariamente y expandiendo el caos en nombre del Zar por medio de los métodos más espantosos imaginables. En una sola noche arrasaron una aldea completa, masacrando a unos 60.000 habitantes. Según Iván, se trataba de una “aldea traidora“.

Iván mató a su propio hijo. Le propinó un fuerte golpe en la cabeza con su inseparable mazo de guerra. Esta impresionante pintura del ucraniano Iliá Repin retrata el macabro momento del asesinato:

Es cierto que después de muchas de sus atrocidades Iván parecía consumido por los remordimientos. En esos momentos se encerraba en conventos y exigía que se le inflingiesen torturas de todo tipo para expiar sus pecados. Pero Iván siempre volvía al trono, y su extrema crueldad no parecía menguar tras estos paréntesis religiosos.

Se cree que Iván sufría de Sífilis, cuyos perniciosos efectos sobre su cerebro eran agravados por un tratamiento con mercurio muy común en la época. Iván era un completo demente de cuyas decisiones dependía gran parte del mundo conocido.