The Horrors en Madrid: Apocalípsis en la Moby Dick
8 de Mayo de 2007“El típico grupo de moderniquis que escucha mi hermana”
“Esperpento poppie”
“Panda de indis anoréxicos”
“Las nuevas spice girls del siniestro” (…)
Que estas lindezas sirvan como ejemplo de los improperios vertidos contra estos chavales por parte de ciertos colectivos reticentes a tomarlos en serio. ¿Por qué? ¿Porque son jóvenes y llevan cierta estética “estrafalaria” y bastante personal para los tiempos que corren? ¿Porque salen en diversas portadas de revistuchas de moda? Pues bien, queridos amigos, si hay dos pruebas infalibles para saber si una banda es un “hype” (algo así como un globo predestinado a desinflarse en cuanto pase la moda) o no; un segundo disco y sus conciertos, les aseguro que la segunda está más que superada.

Lo que acabó en caos y destrucción comenzó con una versión de Joy Division/Warsaw cojonuda: No love lost en clave chirriante y garajera, con nuestro amigo el esmirriado cardado desgañitándose como Dios manda. El resto fue un dignísimo repaso de su por ahora escaso cancionero: Jack the Ripper (brutal versión del enorme Screaming Lord Sutch), Little Victories, Count in fives, She is the new thing, Death at the chapel, Sheena is a Parasite (estas dos últimas las mejores del bolo, en mi humilde opinión)… con un sonido aceptable y una intensidad brutal. Lamentablemente me quedé sin escuchar las que posiblemente sean mis favoritas del Strange House: Excellent Choice y Thunderclaps, pero es que ¡Ay! la cosa acabó antes de tiempo y de manera… “accidentada”.
Count in Fives en directo (Video en Moby Dick, Madrid)
“El tío la suele montar, ya verás”, era el dicho generalizado previo al concierto, pero no sospechábamos que lo haría TANTO. Se encaramó cual araña a los garfios y sogas que decoran el local, cayendo con ellos desde el techo, subió a la barra justo donde estábamos viendo el catastrófico show (foto aquí incluida) y desde allí tiró la bola de discoteca, que descolgo y lanzo al publico ¡como si fuera un jodido globo!!, causando cortes en decenas de inocentes manos (testimonio real en foros de Muzikalia) al grito de “DESTROY THE DISCO!!”. Los aparejos, barquitos, garfios y poleas me consta que también hicieron estragos entre la concurrencia.
Un tipo de seguridad trató de interrumpir el concierto tirando del encabritado líder de la banda, pero fue salvajemente agredido por las primeras filas. Las luces se encendieron y todos los aparatos eléctricos dejaron de sonar. ¿Solución? Darle a lo contundente (palmas y batera) y bailotear como un poseso agarrado a la soga improvisadamente colgada de un precario telón sobre el escenario. A la salida un pobre y desagradable diablo de nariz sangrante exclamaba con voz chillona “¡Esto sí que es punk!”, mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Las luces de la furgoneta del Samur iluminaban la patética escena.
Final del concierto, con luces encendidas e instrumentos apagados. Batacazo final incluido (Video).
Pues bien, la discusión sobre si todo fue una gamberrada irresponsable con posibles consecuencias nefastas o si se trató de un alucinante torbellino sobrado de actitud y mala hostia que no se veía desde los tiempos de Iggy o los Lords of the New Church está servida. El caso es que ni Dios salió indiferente de allí. Para haberlo vivido.

Aviso a navegantes que hayan llegado aquí buscando información de Kafka o explicaciones sobre la obra en cuestión: esta entrada no es un análisis exhaustivo de la misma, ni siquiera puede aproximarse a ello, ni yo soy un experto en el autor, aunque desde luego interés no falta para indagar hasta donde se pueda.
Pero es tal el cúmulo de lecturas y relecturas de cada personaje o situación, en las que el absurdo y lo patético cobran una especie de enrarecido sentido dando pie a todo tipo de conjeturas psicológicas, sociológicas e incluso teológicas, que sería una tarea extremadamente ardua para una humilde entrada.