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Archivo de ‘Humor’ Category

Pasatiempo: Encuentra los 5 errores

19 de Noviembre de 2008

El bueno de Howard (I): La Moda

1 de Setiembre de 2008

Creo que he desarrollado una capacidad para percibir la ropa que lleva un caballero y la que no. (…) Maldita sea, ¡¡O me visto con el buen gusto de Providence o me quedo en albornoz!! Algunos cortes de solapa, tejidos y modelos son reveladores. Me divierte ver cómo algunos de esos señoritingos y extranjeros se gastan fortunas en diversas clases de ropas costosas que consideran una prueba de sus gustos meritorios, pero que en realidad son su absoluta condenación social y estética… como si se pusieran un cartelito que proclamase con letras chillonas: “Soy un patán ignorante“, “Soy una rata de alcantarilla“, o “Soy un palurdo romo y sin gusto“… Vale más llevar los restos andrajosos y gastados de una ropa de gusto que lucir el traje más nuevo y flamante cuyo corte y estilo revelan los estigmas indelebles de la ordinariez y la decadencia.

Howard Phillips Lovecraft, en las cartas desde Nueva York a su tía Lilliian.

Apuesto a que si este gran hombre se diese una vuelta por un centro comercial actual tendríamos otra buena colección de terror cósmico.

El Vengador

27 de Julio de 2007

Casi tres años hacen ya desde que El Vengador (también conocido como El Journalero Enmascarado) guardó la capa, envainó a Argucia y dejó pastar libre a Ignominiosa. Tres años sin que un verdadero Justiciero de estoque y lengua afilados y precisos diese su merecido a esa turba de patéticos bloggers que desde entonces actualizan impunemente, con sus simples y bochornosos alegatos, con inquietudes del todo a 100.

¡Porque es ruindad hacer esperar de ese modo! ¡Ah de la gente! ¡Ah de la casa! ¡Ah de todos los diablos! ¡El Journalero ha llegado!

El Vengador

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Killer Klowns

5 de Julio de 2006

Damas y caballeros; Estoy harto. Harto de continuos cortes, de toques de atención, de que no podamos disfrutar de lo grotesco, irreverente y verdaderamente punk porque los media a los que estamos acostumbrados jamás emitirán algo parecido y somos demasiado vagos como para representarlo nosotros.

Es por eso que al descubrir a Yucko el Payaso Demente en la MTV2 junto a mi querida amoelbarroco nos deleitamos como ratas en queso. Vean, vean a este tipo berreando, bebiendo cual bárbaro, fornicando estatuas, insultando a troche y moche… Que sí, que el rollo payaso acabado y bestia está ya bastante triturado, sobre todo por cierta serie nauseabunda de personajes amarillos, pero esto no es lo mismo, jeje. Vamos, ni de lejos.

He aquí el video que os despejará cualquier duda:

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Al fin vi la luz

24 de Enero de 2005

Amigos y amigas, no puedo por más que rogaros que visitéis el siguiente espacio que he preparado para vosotros:

VIDA NUEVA

Nosotros, los inadaptados y freaks de todos los colores ya tenemos un lugar en el seno de la Santa Madre Iglesia.
Quiero confiar sólo en Jesucristo como mi Salvador, hermanos.
¡¡Aún no es tarde, salvad vuestras almas como yo lo he hecho con la mía!!

Auto Navideño

24 de Diciembre de 2004

He aquí un texto navideño en comunión con nuestro Creador y la religión que nos han enseñado que profesa. Su autor es Hugo Ball, personaje insigne del añorado Cabaret Voltaire.

Hugo Ball
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De títulos nobiliarios

10 de Mayo de 2004

BARÓN, NESA n. (probabl. del germ. baro, hombre libre). Título de dignidad cuya importancia en la jerarquía nobiliaria varía en los diversos países. (En España sigue al de vizconde.)

Por debajo del vizconde, señores. ¿Pero esto qué es? ¿Qué se imaginan uds. al pensar en un vizconde? Pues a un tipo estirado, ultraconservador, probablemente amanerado y un montón de apelativos desagradables aplicables a toda una clase nobiliaria obsoleta que pugna por que el ciudadano de a pie tome en consideración. Un quiero y no puedo puesto que el prefijo “viz” le impide alcanzar las cotas de respetabilidad atribuibles al conde, lo que acrecenta su frustración y mala baba. Probablemente le pegue a la vizcondesa.

Después de todo, y tras sopesar la situación, no está tan mal que el barón esté por debajo. Es más, le dota de ese aire canallesco y crápula que algunos tanto valoramos; es uno de los más tirados (si no el más) de los títulos otorgados por las distintas majestades, muy poco por encima del hidalgo. Además, ya sea por las referencias literárias o folklóricas, se lo asocia un poco más a modernidad, pero en su justa medida. Nada de tricornios, rostros enpolvados ni ademanes cuasi-horteras; un buen barón llevará una chistera y una levita, todo ello raído y ajironado. También se podrá observar los restos de tierra mojada en sus botines y esto es, os contaré un secreto, porque se ha visto obligado a abandonar su morada a horas intempestivas, desafiando a los elementos para desenterrar a sus antepasados y así hacerse con los pocos objetos de valor que se llevasen con ellos a la sepultura. A la mañana siguiente correrá a la casa de empeños a ver qué puede negociar con el dueño, con los dientes de oro encima del mostrador. Insultos, patadas al mobiliario, gesticulaciones… todo para sacar unas cuantas piezas de la moneda en curso.

Probablemente también frecuente una sociedad secreta. Recabará conocimientos en un ámbito ocultista que le valerán los apelativos de temible y espantoso en la comunidad. Los niños murmurarán a su paso, le arrojarán algún objeto contundente que impacte cerca de su posición, pero el barón se hará respetar momentáneamente a base de bastonazos y odiosas palabras que los chiquillos no entenderán pero les sonará igualmente mal habiendo sido pronunciadas con esa entonación gangosa y aguardientil. Quizá escriba un libro, un tratado sobre algo absurdo, la plasmación de numerosos delirios inconexos que nadie comprará en su día pero que años después de su muerte será visto como un alegato reivindicativo de innegable vigencia.

Y morirá solo. Un día el casero, harto de tantas deudas y promesas de pago derribará la puerta principal de la mohosa mansión y, guiado por el mal olor y unos espantosos presentimientos, lo econtrará tumbado en su catre, vestido con sus mejores galas y las manos entrelazadas sobre su pecho. Es entonces cuando invadido por un una sensación de nostalgia y falsa justicia se quite el sombrero y murmure: “al fin y al cabo era un gran hombre”. Acto seguido le despojará de anillos y colgantes. A su entierro sólo acudirán cuatro acólitos del pub que frecuentaba, entonarán alguna desafinada y estridente tonadilla en honor a su amigo (alguno de ellos resbalará y caerá a la fosa, sobre el ataúd, rompiéndose una articulación); otros tantos dementes de la Sociedad, tratando de introducir extraños potingues y símbolos en la caja de pino con objeto de conseguir su resucitación (lo conseguirán, pero con consecuencias nefastas); y su viejo y desaliñado perro, que morirá junto a la lápida de su amo, cuyo epitafio será “¿Y tú qué miras?”…

Ejem, creo que me he perdido en divagaciones y no he llegado al final de mi clase acerca de estamentos nobiliarios. A veces me pasa pero, qué demonios, los piscis tenemos derecho a ello.