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Jueves Negro en Madrid

7 de Setiembre de 2008

And this sick sick city is never gonna make me insane.

Blues for a gun, The Jesus & Mary Chain

Hay días en que mi propia morada se me antoja un tanto puñetera. Siento como si ejerciese una fuerza succionadora que anula mi voluntad y creatividad, a pesar de contar con los suficientes medios dentro de ella como para que esto no ocurra. Es un impulso primario de salir a las calles y deambular. Este pasado jueves fue una de esas ocasiones y aquí va esta entrada, con el fin de que la noctámbula y solitaria expedición perdure en en recuerdo.

Jueves Negro en Madrid

Esta escapada, naturalmente, tenía también como objetivo cierto deleite a través de cualquier medio; ya sea un poco de música, un buen libro o una peliculilla en condiciones. Había estado leyendo ese mismo día acerca de un ciclo spaguetti-western en la Filmoteca (Cine Doré) y no dudé ni un solo instante en ir como un campeón a tragarme Django, una bestialidad casi surrealista de las que sólo los italianos eran capaces. Prometía.

Paseando rumbo a Atocha a través del parque del Retiro fui escuchando unas tonadillas que esta rata aristocrática consideró adecuadas para esas horas crepusculares; anacronismos envolventes y repletos de misterio de la talla de The Great Grandfather, del incomparable Bo Diddley.

Picked his teeth with a huntin’ knife
He wore the same suit all-a his life
Oh-oh

Es fabuloso cuando con los sentidos aguzados y rastreando el entorno, acompañado de un buen temazo de banda sonora, mi ciudad de residencia, de la que he acabado hastiado, recobra por unos minutos la fascinación que ejercía sobre mí tiempo atrás, cuando aún no había habido tiempo de asociarla a nada. El típico piscis, que diría cierto anuncio de mierda.

Crimen en el Jazz BarTras comprar mi entrada en la desvencijada taquilla del Doré me dirigí a hacer tiempo (aún quedaba alrededor de hora y media para que comenzase la película) al Jazz Bar, donde estaban poniendo un concierto de Ella Fidgerald y el camarero preparaba unos inmensos cócteles llameantes a tres yanquis de mediana edad, obesos, afables y con cierta devoción por las canciones de la citada señora. Wonderful!, gorgeous! exclamaba intermitentemente el entrañable trío. Como podrán ustedes imaginar, era el perfecto escenario para acomodarse en un apartado rincón, pedir una Budweisser, liarse un buen cigarro Amsterdamer y sacar el libro de marras: Los mejores cuentos policiales, una bestial antología del inseparable combo Borges-Bioy Casares.

Tras acabar con un estupendo embrollo tropical llamado Tres hombres muertos (Eden Phillpots), le llegó el turno a Una salita cerca de la calle Edgware, de Graham Greene. Sólo con años y años de insistencia y permanencia en ciertos géneros desarrolla uno la capacidad de discernir automáticamente lo que es realmente sobresaliente, y conoce correcto uso de una serie de resortes inherentes a esa clase de literatura. Este era uno de esos casos: misterio, suspense, terror… llevados al límite en uno de los relatos más acongojantes que había leído en mucho tiempo. Y para colmo cuenta con un protagonista con un día terrible a cuestas y amargado con su entorno, que una noche decide refugiarse en un cine barato a ver una vieja película. ¿Les suena? Afortunadamente yo no me topé con la brutal y demente escena sangrienta del relato, ni con un compañero de butaca tan… inquietante, jeje. Parece mentira que el famoso autor de El Americano Impasible también escribiese esto:

“¿Por qué tiene que sucederme esto a mí? ¿Por qué a mí?”. Volvió a penetrar en el horror de su sueño; la escuálida y oscura calle era uno de los innumerables túneles que comunicaban las tumbas donde los cuerpos imperecederos yacían.

“Fue un sueño”, se dijo, y al apoyarse en la pared vio en el espejo, arriba del teléfono, su propia cara rociada por diminutas gotitas de sangre, como el rocío de un perfumero. Comenzó a gritar.

Una pequeña multitud comenzó a reunirse, y pronto acudió un policía.

Django

La hora llegó y volví al cine dándole vueltas al escabroso relatillo, con el tiempo suficiente para poder escoger una butaca en la fila siete, junto al pasillo. La sucesión de barrabasadas e incongruencias de aires arty a la italiana me entretuvo de lo lindo. Los elementos: forajido de procedencia ignota permanentemente arrastrando un ataúd por las desérticas colinas (Almería, naturalmente), miembros encapuchados de un primerizo Ku Kux Klan, mexicanos revolucionarios más simpáticos pero igualmente unos cabronazos… A destacar el tiroteo final en el cementerio y la impagable canción de los créditos, como si un Tom Jones de segunda y en un lamentable estado de ebriedad cantase las virtudes de este inefable pistolero: Django!!

De vuelta a casa aún me entretuve a hacer alguna instantánea de las calles madrileñas, bastante más animado por el gratificante plan que llegaba a su fin y por que ya se empiezan a notar los primeros mordiscos del frío otoñal en esta maldita ciudad.

Madrid de noche

Y llegados a este punto, queridos lectores, reivindico la soledad y la abstracción y divagación unipersonal en según qué noches y momentos. Yo desde luego lo llevo practicando encantado de un tiempo a aquí, y no precisamente por necesidad al carecer de relaciones sociales, que dista de ser el caso. Así que ya saben; es probable que me encuentren con mis enseres en cualquier tasca de mala muerte o en el café más glamouroso de la capital del Reino. Espero que si deciden acercarse a mí tengan una buena historia que contar.

El bueno de Howard (I): La Moda

1 de Setiembre de 2008

Creo que he desarrollado una capacidad para percibir la ropa que lleva un caballero y la que no. (…) Maldita sea, ¡¡O me visto con el buen gusto de Providence o me quedo en albornoz!! Algunos cortes de solapa, tejidos y modelos son reveladores. Me divierte ver cómo algunos de esos señoritingos y extranjeros se gastan fortunas en diversas clases de ropas costosas que consideran una prueba de sus gustos meritorios, pero que en realidad son su absoluta condenación social y estética… como si se pusieran un cartelito que proclamase con letras chillonas: “Soy un patán ignorante“, “Soy una rata de alcantarilla“, o “Soy un palurdo romo y sin gusto“… Vale más llevar los restos andrajosos y gastados de una ropa de gusto que lucir el traje más nuevo y flamante cuyo corte y estilo revelan los estigmas indelebles de la ordinariez y la decadencia.

Howard Phillips Lovecraft, en las cartas desde Nueva York a su tía Lilliian.

Apuesto a que si este gran hombre se diese una vuelta por un centro comercial actual tendríamos otra buena colección de terror cósmico.

La Praga de Rodolfo II: “De noche, bajo el puente de piedra”

11 de Agosto de 2008

- En la corte de Praga -escribió en una ocasión el embajador de España a su rey- lo extraordinario es cotidiano y a nadie le sorprende.

No sé si ustedes, camaradas lectores, han estado alguna vez en Praga, si han paseado por el puente de Carlos sobre el Moldava, visitado el Castillo, deambulado por el Barrio Viejo y el antiguo guetto judío, donde aún se conserva la sinagoga que según se dice esconde al inmortal Golem y el cementerio que alberga las venerables tumbas de todos esos grandes rabinos. Yo sí, y puedo atestiguar que si además poseen cierta capacidad de abstracción y evocación podrán imaginar perfectamente la ciudad en época pretérritas, sin la marabunta de turistas o vehículos y demás incómodos pero inevitables elementos modernos y discordantes.

Bien, pues desde esta turística ciudad de la vieja Bohemia, entre los siglos XVI y XVII, reinó Rodolfo II, hijo de Maximiliano I y educado en la corte de Felipe II. Su mandato, con residencia en el Castillo de Praga, supuso el empuje definitivo para convertir la ciudad en la llamada capital mágica de Europa. Rodolfo, de carácter abstraído, melancólico y taciturno, descuidó las tareas de Estado en favor de las artes y las ciencias, pero también de la magia y la alquimia. Por la corte deambulaban desde los personajes más válidos en sus áreas, como el astrónomo y matemático Kepler o el pintor Arcimboldo, hasta embaucadores de poca monta que prometían maravillas de todo tipo al crédulo Emperador. Muchos acababan en el foso o languideciendo en las mazmorras, pero valía la pena intentarlo, claro que sí.

Acompañen todo esto con cierta libertad de credo y tolerancia generalizada además de las muchas corrientes cultas provinientes del renacimiento italiano, los lazos con España y la difícil situación con el vecino Imperio otomano y tendrán el escenario ideal para imaginar historias de todo tipo. Y eso fue lo que hizo Leo Perutz, un tristemente olvidado escritor checo de la primera mitad del siglo XX que a buen seguro trataré algo más en un futuro, escribiendo un compendio de relatos interrelacionados en este marco espacio-temporal, desde la época pre-imperial de Rodolfo hasta años después de su muerte, con la Guerra de los 30 años entre católicos y protestantes ya iniciada.

En los diferentes cuentos nos encontramos con narraciones de nobles y de civiles, de de la corte pero también los barrios bajos y las peores tabernuchas. Pasen y vean: dos viejos cómicos judíos y su fantasmal percance en el cementerio, artistas pendencieros que recuerdan al crápula de Caravaggio, extravagantes barones croatas protagonistas de increíbles duelos a medianoche a ritmo de una mortal zarabanda (vaya capítulo, amigos), el venerable rabino Loew:estudioso de la cábala capaz de alterar el orden natural de los acontecimientos con su mágico poder ancestral, alquimistas que huyen a medianoche temiendo por su cuello al verse incapaces de transmutar el plomo en oro, valientes militares al mando de compañías de dragones (tropa habitual en las guerras contra los turcos) que…

Maldita sea, ¿quién puede resistirse a todo esto? ¿Y si además les digo que está escrito a la manera poética y ensoñadora de un cuento de hadas para adultos con constantes referencias a métodos cabalísticos y astrológicos reales, y conjuga impecablemente misticismo, melancolía y humor? Respuesta: nadie, o al menos nadie que deba seguir husmeando en este diario, ¡por todos los diablos!

Ejem, como iba diciendo antes del necesario exabrupto o advertencia, todos los personajes están verdaderamente cuidados, poseen alma y carácter y son capaces de encandilar por un sinfin de motivos, pero no hay duda de que las dos grandes figuras protagonistas, las que siempre están presentes de una u otra forma, son el propio emperador Rodolfo II y el poderoso judío prestamista Mordejai Meisl. El porqué de la extraña relación y los lazos espirituales y materiales que atan a ambas personalidades, provenientes de mundos tan antagónicos, no debe ser desvelado aquí, ya que el devenir de los acontecimientos está supeditado a ello y se podría decir que es la verdadera base del libro al completo.

Así que no se hable más: hagan el favor de abandonar este blog con la mayor presteza y diriíjanse a la librería de segunda mano más cercana, ya que lamentablemente el libro está descatalogado y sin reedición a la vista; o a la biblioteca, donde un servidor lo encontró sin ningún problema. Aunque, demonios, me temo que se ha convertido en un libro de cabecera instantáneo y ahora para conseguirlo me veré obligado a surcar mares y atravesar bosques y montañas cual judío errante. Sólo espero que los astros me sean favorables…

-Pero si se parece a Bernhard Russwurm -dijo el emperador y retrocedió un paso mientras levantaba un brazo-. ¿No es increíble cuánto se parece al Russwurm?

A veces el emperador se asustaba al ver caras desconocidas. Le inquietaban, creía conocer en ellas los rasgos de personas que hacía mucho que habían muerto, personas que según él le perseguían. Al general von Russwurm lo había mandado encarcerlar y fusilar hacía muchos años por haberse batido en duelo, y esta acción, cometida en un arranque de ira, pesaba sobre su conciencia. En cada nuevo rostro Russwurm lo miraba hostil y sarcástico, una y otra vez le vistitaba para amenazarle. (…)

Sin embargo, se parece a Bernhard Russwurm -gritó el emperador. Los dientes le castañeaban-. ¿Quién eres? ¿De dónde eres? ¿Vienes del infierno? (…)

Guerra Mundial Z: Una historia oral de la Guerra Zombi

1 de Agosto de 2008

Tras mi “sangrienta” adolescencia, cuando las vísceras y los torrentes de hemoglobina estaban a la orden del día, he sido partidario de una fantasía más sofisticada, de un escalofrío sutil y de regusto añejo que se pueda disfrutar como un buen vino, Vincent Price por encima de Bruce Campbell, ya saben. Estas líneas de Emilio Carrere pueden definirlo perfectamente:

Era más de media noche, y aguzaba los sentidos, deseando adivinar algo de lo que ocurría o hubiese acaecido en el interior. Un poeta debe creer en lo increíble, y así no me hubiera sorprendido oír el ruido de cadenas y ser espectador de la auténtica danza macabra. Realmente yo deseaba el milagro o el cuento de brujas, con toda la buena fe de mi fantasía.

No obstante, y como cualquiera que revise este diario puede atestiguar, el zombi, un arquetipo moderno, violento y netamente gore muy apartado de lo que acaban de leer, siempre ha sido mi debilidad. Bien por sus innegable carga metafórica (esa masa hambrienta despojada de humanidad a las puertas del centro comercial) o por sus posibilidades argumentísticas: grupos de resistencia obligados a colaborar bajo una presión insoportable, donde el verdadero rol de cada uno aflora, para bien o para mal, como en una manada de lobos o cualquier otro colectivo jerarquizado de manera primaria. El líder natural, el consejero sensato, el esforzado soldado raso… todos ellos necesarios, pero también las células corruptas o individuos retorcidos cuya demencia, estupidez o su anteposición del provecho particular al común pueden llevar a toda la comunidad a la ruina.

En el libro que aquí nos atañe los planteamientos de George A. Romero o de la fuente real de la hecatombe zombi moderna, el Soy Leyenda del nunca bien ponderado Richard Matheson, son analizados concienzuda y minuciosamente a través de todo el globo terráqueo. La Tercera Guerra Mundial se libra contra un enemigo que no duerme ni necesita suministros, no teme a nada y engrosa sus filas con cada víctima infectada. La reacción de las diferentes naciones es analizada desde el primer brote en China, y de una manera bastante creíble tal y como está el patio. (more…)

El Proceso

5 de Mayo de 2007

KafkaAviso a navegantes que hayan llegado aquí buscando información de Kafka o explicaciones sobre la obra en cuestión: esta entrada no es un análisis exhaustivo de la misma, ni siquiera puede aproximarse a ello, ni yo soy un experto en el autor, aunque desde luego interés no falta para indagar hasta donde se pueda.

El reciente descubrimiento en Almería de un viejo tomo de obras completas al que ya hinqué el diente en mi adolescencia y que lamentablemente desestimé en el momento (seguramente en favor de algún compendio de relatos terroríficos) me dio la oportunidad de redimirme. Nada menos que El Proceso ha caído en el lapso de apenas 2 días.

Previamente, durante el penoso trayecto en tren hacia allá, leí un par de estúpidos cuentecillos de Rudyard Kipling y releí los alucinantes relatos de M.P. Shiel, a los que pretendo dedicar una entrada con todos los honores, pero nada ni medio cercano a estos niveles. Vaya shock, amigos.

El planteamiento inmediatamente asimilable, y el que uds. verán como sinopsis en infinidad de lugares es el siguiente: un importante empleado de banco es objeto de un proceso judicial del que no conoce nada, ni las causas ni el posible desenlace. De esta manera se ve inmerso en una espiral burocrática que parece no tener fin ni significado.

OficinaPero es tal el cúmulo de lecturas y relecturas de cada personaje o situación, en las que el absurdo y lo patético cobran una especie de enrarecido sentido dando pie a todo tipo de conjeturas psicológicas, sociológicas e incluso teológicas, que sería una tarea extremadamente ardua para una humilde entrada.

No obstante sí puedo adelantar unas cuantas situaciones tragicómicas que seguramente queden grabadas en la memoria de cualquier mente avispada: juzgados casi clandestinos montados en miserables buhardillas de la periferia; abogados idolatrados como profetas ante los que pobres diablos se postran de manera más que humillante con la pretensión de obtener resultados de sus respectivos procesos; agentes castigados hasta la muerte en cuartuchos inmundos no por el hecho de delinquir al haberse excedido en sus funciones, sino por haber sido descubiertos y delatados; pintores, sacerdotes, muchachas preadolescentes… todos al servicio de la “justicia”; miseria, patetismo, absurdo, horror…

Y como colofón, un interesante análisis a la narración desde un prisma histórico (la situación de Kafka como judío y sus motivaciones para escribirlo) y político (marxista):

Leer a Kafka, por Enrique Lihn.

Dado que la absolución completa es sólo una leyenda entre los funcionarios, ¿qué prefieren uds.; la absolución aparente o la prórroga indefinida?

Lo negro es bello

25 de Marzo de 2007

Curioseando con la futil intención de poner orden a mis viejos papeles, fotos, postales… me topé con este recorte de no recuerdo qué suplemento cultural o quizá de algún diario universitario de los que proliferaban por la Complutense y Autónoma. Habiéndolo releído años después la conclusión es que sería un crimen dejar que mi caos hogareño se lo trague una vez más y ¡voila!; he aquí la nueva entrada del diario más miserable y a la par elegante de la blogosfera hispana.

El texto es de Pilar Pedraza, indiscutible maestra del género fantástico-gótico dentro de nuestras fronteras. Espero que lo disfruten tanto como yo lo hice y sigo haciendo, totalmente de sintonía con el mensaje transmitido. Lean, lean…

Dead MagicianDice Gómez de la Serna que cuando el diablo actúa como prestidigitador, saca murciélagos de la chistera. Más recientemente, Leopoldo María Panero escribe, en su libro Palabras de un asesino (Libertarias, 1999): “Nada por aquí, nada por allá, como dicen los magos cuando de su sombrero extraen la cabeza agusanada de un muerto.” Portentoso. Cierto que si en lugar de otorgar al fútbol culto de latría, dando cuenta de sus más insignificantes e inanes avatares, los medios de comunicación se dedicaran a seguir los pasos creativos de Panero -pero sin que meta cuchara Sánchez Dragó, por favor- no digo yo que el número de necios fuera a decrecer, pero sí que al menos los aficionados a las cabezas agusanadas y los murciélagos, que somos una minoría respetable, saldríamos del abandono en que yacemos. Mientras se produce el esperado giro hacia una revolución cultural de signo dulcemente tenebroso, he conseguido sin ningún problema que en un documental de la Feria Internacional del Mueble, figure el interiorismo de la película Nosferatu de Murnau (1922) como ejemplo de elegancia, pureza y refinamiento romántico. No me dirán que no es un éxito, además de una prueba de que no todo está perdido. Ahora trato de inducir a una conocida agencia de viajes, a diseñar un Crucero por la Estigia, y estoy haciendo un hueco a los estudiantes de Historia de la Cultura en el Cementerio Municipal, para que puedan realizar sus prácticas. No cejaré hasta conseguir que figure en el nuevo plan de estudios una optativa de Necrología y Funebria. Estas cosas requieren apoyo y compromiso, porque ni el Ministerio ni las Consejerías están dispuestos a reconocer que la muerte es ley de vida y hay que estudiar sus misterios.

Espero con esta entrada sonsacar la sonrisilla cómplice de la abyecta tenbrinken, fiel seguidora y leal colaboradora de este auténtico milagro de las letras estatales, a la que espero tener el placer de felicitar en persona y echar alguna que otra charleta acerca de esa apasionante disciplina que propone: Necrología y Funebria, jeje.
Aquí van unos cuantos enlaces de interés:

Los difuntos hablan castellano

22 de Octubre de 2006

He de reconocerlo; cualquier material proviniente de este maltrecho país del que apenas he salido y que tanto critico me atrae, en principio, más que cualquier otra obra extranjera, ya sea en cuestión musical, literaria… Y no, no me llamen patriota ni ninguna estupidez similar, es simplemente una lógica afinidad cultural o, qué demonios, un inmenso respeto por alguien capaz de hacer algo válido en este entorno celtibérico por la que apenas doy un duro.

Es por eso me disponga comentar obras recientemente leídas, tan dispares como Yo fui guía en el Infierno o De cómo me encontré con el demonio en Vigo de Fernando Arias y Ánxel Fole respectivamente.

Kit sangrientoLa primera, desarrollada en la Valencia del Siglo de Oro, versa sobre un botánico al servicio del poder real y su ayudante, espabilado mozalbete autóctono, para conseguir ciertas hierbas cuya mezcla puede contrarrestar la rabia. ¿La rabia? A juzgar por lo que se enfrenta esta castiza pareja puede ser que se trate del remedio contra otra dolencia mucho más… desagradable e incómoda, jeje.

La novelilla está escrita utilizando lenguaje arcaico y pero a la vez de manera muy ligera. Hasta cierto punto transcurre fluidamente, sin perder interés ni intensidad. Es a partir de cuando nuestros héroes se topan con un par de infernales mujeronas en una inhóspita taberna cuando el relato pierde fuelle y se torna inconsistente en demasiados puntos. Ay ay, si se hubiese refinado este argumento tendríamos una gran novela.

Pero vaya, no se desanimen por estas funestas palabrejas; la cosa es la mar de entretenida y no dudo ni un instante que hasta les hará pasar algún sobresalto entre tanta peripecia terrorífico-humorística. A destacar el pasaje de la inhumación de un cadaver un tanto revoltoso.

Tranvia gallegoY qué me dicen de lo extremadamente valorable del siguiente caso: un gallego de pura cepa, defensor a ultranza a ultranza de su lengua autóctona y además escribiendo fantástico-terror en plena posguerra. Una auténtica rareza digna de ser adquirida cueste lo que cueste, sí. Los deliciosos cuentecillos de De cómo me encontré con el demonio en Vigo tratan sobre malos presagios en mitad de terrores nocturnos que se tornan realidad, bailes de aparecidos en un desvencijado palacete de Lugo, meigas de Torgán con extrañas costumbres que pueden desenmarañar tu futuro por un módico precio…. Todo en apenas cuatro o cinco páginas.

He viajado mucho a Galicia en los últimos años y he aprendido a valorar el lugar, a imaginarme esos sufridos pueblecillos en otros tiempos no tan lejanos, con otras creencias acerca de lo profano que podrían perfectamente dar cuerpo a cualquiera de los relatos mentados. A esto se le llama afinidad, amigos, y si la aderezamos con una pizca de nostalgia (uno que vivió años a orillas del Cantábrico) el cóctel es más que recomendable de cara a degustarlos. Eso sí, algunos pecan de ingenuos o inconsistentes, particularmente los de prometedor planteamiento preternatural que finalizan con alguna triquiñuela adscrita la picaresca. Es lo mismo, todos están escritos de miedo.

Rostros malignosEs curioso que nuestra Celtiberia haya sido fuente de innumerables narraciones fantásticas, más concretamente me estoy refiriendo a la corriente gótica tan en voga allá por el XVIII. El Monje, Los misterios de Udolfo, El Manuscrito encontrado en Zaragoza, Melmoth el Errabundo…, obras seminales y estupendísimas la mayoría, están desarrolladas en nuestras tierras. España era eso, el paraje perfecto para las correrías grotescas, exóticas y ultra-catoliconas imaginadas por las mentes románticas de la época, donde aún era posible la aventura y la fantasía en un reino en decadencia, con decadentes ruinas y decadentes personajes. Es por todo esto por lo que salga de mi chistera en cuestión creativa, en perfecta comunión con el parecer de el viscoso swampie, tendrá como referencia muchas nociones arriba explicadas.

Aunque podría tirarme días enteros escribiendo en esta bitácora acerca de fantástico-terrorífico patrio (hecho que desde luego no vendría mal dado el evidente estado de abandono del Gabinete), me gustaría recomendar dos fabulosas antologías para ponerse al día al respecto:

Hasta mejor ver, amigos y amigas, voy a retirarme a mis aposentos a investigar cual roedor de biblioteca hechos insólitos sobre Praga, ciudad de prodigios y bohemia que visitaremos en Noviembre. Adieu!
Grabados sobre botánica

William Wymark Jacobs (1863-1943) - La pata de mono

11 de Junio de 2006

Es sorprendente el recuerdo que se tiene de este autor, internacionalmente conocido por su genial y sobrecogedor relato La pata de mono, ya que en su tiempo destacó muchísimo más por su labor humorística dentro del cuento literario. Eso no quita que dedicase un buen tiempo para la producción fantástico-terrorífica, de la cual poseemos hoy día un suculento legado.

W.W. JacobsNace en Londres, pero a muy temprana edad se muda a Wapping, una agradable localidad costera de donde recibiría la inspiración para sus posteriores relatos sobrenaturales, muchos de ellos con un trasfondo fantasmal-marítimo que recuerda enormemente al maestro Hodgson. Su acaudalada familia puede costearle las dos escuelas privadas por las que transita antes de ingresar, muy joven, en el cuerpo de Correos. En esta época escribe sus primeras historias en una revista de escasa difusión subvencionada por la propia Correos. En un principio lo hace por afición y las ganancias que obtiene son meramente anecdóticas, hasta que el olfato del escritor Jerome K. Jerome lo “rescata” y lo introduce en otra revista de mucho mayor calado: To-Day. Aquí empieza su meteórica ascensión; publica una recopilación, Many Cargoes (1896), de un éxito inmediato y avasallador. Dos recopilaciones de relatos suceden a ésta e ingresa en las filas de la prestigiosa revista The Strand Magazine, donde publica, entre otros, el gran Conan Doyle. Además, se atreve con numerosas obras dramáticas y es introducido en la sociedad londinense donde pronto se convierte en un personaje solicitadísimo por su gran ingenio y buen humor.

PuñetazoUna última antología, Snug Harbor (1931), recoge todos los relatos (humorísticos y terroríficos) publicados en revistas a lo largo de su vida. Combina en muchos de ellos sus dos géneros más frecuentados con una efectividad asombrosa, haciendo gala de una inusitada pericia para la ironía y la mordacidad gracias a lo que algunos lo han comparado con el gran Ambrose Bierce, si bien el autor aquí tratado es algo más proclive para finales moralistas en los que los personajes que tontean con lo sobrenatural o los que comenten algún crimen suelen recibir un buen castigo de ultratumba. Muere de manera solitaria y algo anónima en un asilo de ancianos londinense.

La patade mono (The monkey´s paw, 1902).

“-¿Una pata de mono?- preguntó Mrs. White, llena de curiosidad.
-Bueno, en realidad no se trata más que de un pequeño ejemplo de lo que ustedes, aquí en Occidente, llamarían simplemente magia- respondió el brigadier con cierta brusquedad…”

Los White son una de las tantas familias de clase media en un típico barrio londinense, cuyo sustento proviene de una de las muchas fábricas de la zona. Padre, madre e hijo conviven con sus más y sus menos aunque siempre con un admirable buen humor. Pero toda esta jovialidad y cotidianidad desaparece con la visita de un viejo amigo de Mr. White: el brigadier Morris, recién llegado de sus viajes por la India. Aquella velada fue agradablemente amenizada a la luz de la lumbre con las historias y aventuras del recién llegado aventurero, que incluso portaba consigo uno de sus más enigmáticos trofeos: una pata de mono. El interés de la sorprendida familia crece enormemente hasta el punto de conseguir que el brigadier les ceda el extraño objeto, no sin antes ser advertidos por el militar de las nefastastas consecuencias que podría tener su uso, pues esta suerte de lámpara de Aladino tiene el poder de conceder tres deseos a su dueño, pero…

La pata de mono

No tengas miedo y pide algo, hombre

El relato se divide en dos partes: la primera incluyendo el comienzo con la rutina diaria del hogar de los White en una tarde cualquiera, la partida del brigadier bien entrada la noche, la formulación del primer deseo y el “incidente” ocurrido a la mañana ¿Qué hay abajo?siguiente. No desvelaré lo ocurrido después pues mi maldad no llega a tanto. La increible efectividad del relato reside en varios factores: lo directo de su lenguaje, sin irse por las ramas con demasiadas descripciones (como en toda la obra de Jacobs); el brutal contraste entre las situaciones joviales y humorísticos protagonizadas por la familia y los horripilantes acontecimientos acaecidos a posteriori, una vez abierta la puerta a lo sobrenatural. Contribuye también a su eficacia el seco desenlace tras las escasas páginas que abarca el cuento y la incertidumbre sobre si lo ocurrido realmente es a causa de la pata, ya que, aunque todo parece indicar que sí, el lector aún puede asirse hasta el final a un clavo ardiendo y atribuirlo todo a la casualidad o el destino.

Es considerado uno de los mejores exponentes de toda la historia del cuento de terror. No en vano, el mismísimo Bioy Casares lo incluyó en su escueta lista de cuentos perfectos (nada menos que dos) y son pocas las (buenas) recopilaciones de género que no lo incluyan. Altamente recomendado para una buena noche lluviosa, cuando el viento ulule y no sepamos distinguir entre los chirridos y crujidos de nuestro viejo mobiliario y… mejor no pensarlo, jeje.

La novia del Diablo/ Quinn, Seabury

22 de Abril de 2006

La novia del DiabloHe aquí mi primera entrada de lo que será una larga serie de críticas más o menos estructuradas acerca de los libros que voy asimilando.

Argumento

El bueno de Jules de Grandin, recurrente detective de lo paranormal en la obra de Quinn, siempre está en el lugar oportuno. En esta ocasión asiste a la boda de la Srta. Hume, cuya familia tiene como tradición desposarse portando un extraño cinturón adquirido de forma más o menos lícita por uno de sus intrépidos antepasados.

El problema está en que poco a poco el mundo asiste a un resurgir de temibles cultos a dioses no demasiado benévolos que la reclaman como concubina del Anticristo. De hecho, el artefacto de marras la legitima como tal y no tardará en ser raptada.

(more…)

H.C.A., 1805

3 de Abril de 2005

(…)

Pasó tiempo y tiempo y la sombra volvió.

-¿Cómo le va? -preguntó.

-¡Ay! -dijo el sabio-. Escribo acerca de lo verdadero, lo bueno y lo bello, pero nadie se interesa por mi obra. Estoy desesperado, porque son cosas a las que concedo gran importancia.

-Pues a mí no me ocurre igual -dijo la sombra-. Yo, mientras, engordando, que es lo que hemos de procurar. Usted no entiende el mundo y terminará por caer enfermo. Tiene que viajar. Me iré de viaje este verano. Venga conmigo. Me gustaría llevar un compañero. ¿Quiere usted venir conmigo, como mi sombra? Será para mí un gran placer el llevarle, ¡le pago el viaje!

-¡Qué disparate! -dijo el sabio.

-¡Según como se mire! -dijo la sombra-. El viajar le sentará de maravilla. Si consiente usted en ser mi sombra, todo correrá de mi cuenta.

-¡Esto ya es el colmo! -protestó el sabio.

-Pero así va el mundo -dijo la sombra-, y así seguirá -y se marchó.

Las cosas no le iban nada bien al sabio, la pena y la preocupación seguían haciendo presa en él, y sus opiniones sobre lo verdadero, lo bueno y lo bello interesaban tanto al público como las rosas a una vaca -hasta que al final cayó enfermo de consideración.

-¡Parece usted totalmente una sombra! -le decía la gente, y esto le produjo un escalofrío, porque le hizo pensar en ella.

-Lo que debe hacer es tomar las aguas -dijo la sombra, que vino de visita-. No hay nada igual. Lo llevaré conmigo, por el aquel de nuestra vieja amistad. Yo pago el viaje y usted se encarga de llevar un diario con lo que me resultará el camino más divertido. Quiero ir a un balneario, mi barba no crece como debiera -eso es también una enfermedad- y una barba es algo indispensable. Sea razonable y acepte la invitación, viajaremos como amigos, por supuesto.

Y así viajaron; la sombra hacía de señor y el señor hacía de sombra. Fueron juntos en coche, a caballo, a pie -al lado uno de otro, delante o detrás, según la posición del sol. La sombra sabía ponerse siempre en el lugar del señor, mientras el sabio no prestaba atención a semejante cosa. Tenía un corazón excelente y era sumamente cortés y afectuoso, así que un día le dijo a la sombra:

-Puesto que nos hemos convertido en compañeros de viaje y, además, hemos crecido juntos desde la infancia, ¿por qué no nos tuteamos? Sería más íntimo.

-En eso que dice -contestó la sombra, que ahora era el verdadero señor- hay mucha franqueza y buena intención, por lo que seré igualmente bienintencionado y franco. Usted, como sabio que es, sabe sin duda lo especial que es la naturaleza. Hay quien no aguanta el roce del papel gris, lo pone enfermo. A otros se les pasa todo el cuerpo si se rasca un clavo contra un vidrio. Lo mismo siento yo cuando lo oigo tutearme, es como si me empujasen de nuevo a mi primer empleo con usted. No se trata de orgullo, sino, como verá, de una sensación. Pero si no puedo permitirle que me trate de tú, con mucho gusto lo tutearé a usted, como fórmula de compromiso.

Y así la sombra tuteó a su antiguo señor.

-¡Qué absurdo -pensó éste- que yo le hable de usted y él me tutee! -pero no tuvo más remedio que aguantarlo.

(…)

La Sombra
En una pobre aldea de pescadores junto a las grises aguas del Báltico, hace exactamente 200 años, nació un niño cuyos padres eran tan pobres que lo alimentaban con historias fantásticas de hadas y brujas.

Ane Marie Andersdatten y Hans Andersen eran sumamente pobres. Cuando se casaron carecían de muebles y tuvieron que construirlos con sus propias manos, aprovechando la madera que caía en su poder. La cama del matrimonio la hicieron con los restos de un ataúd. En esa cama nació el 2 de abril de 1805 su hijo Hans Christian, en la ciudad de Odense, Dinamarca.