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Archivo de ‘Libros’ Category

H.C.A., 1805

3 de Abril de 2005

(…)

Pasó tiempo y tiempo y la sombra volvió.

-¿Cómo le va? -preguntó.

-¡Ay! -dijo el sabio-. Escribo acerca de lo verdadero, lo bueno y lo bello, pero nadie se interesa por mi obra. Estoy desesperado, porque son cosas a las que concedo gran importancia.

-Pues a mí no me ocurre igual -dijo la sombra-. Yo, mientras, engordando, que es lo que hemos de procurar. Usted no entiende el mundo y terminará por caer enfermo. Tiene que viajar. Me iré de viaje este verano. Venga conmigo. Me gustaría llevar un compañero. ¿Quiere usted venir conmigo, como mi sombra? Será para mí un gran placer el llevarle, ¡le pago el viaje!

-¡Qué disparate! -dijo el sabio.

-¡Según como se mire! -dijo la sombra-. El viajar le sentará de maravilla. Si consiente usted en ser mi sombra, todo correrá de mi cuenta.

-¡Esto ya es el colmo! -protestó el sabio.

-Pero así va el mundo -dijo la sombra-, y así seguirá -y se marchó.

Las cosas no le iban nada bien al sabio, la pena y la preocupación seguían haciendo presa en él, y sus opiniones sobre lo verdadero, lo bueno y lo bello interesaban tanto al público como las rosas a una vaca -hasta que al final cayó enfermo de consideración.

-¡Parece usted totalmente una sombra! -le decía la gente, y esto le produjo un escalofrío, porque le hizo pensar en ella.

-Lo que debe hacer es tomar las aguas -dijo la sombra, que vino de visita-. No hay nada igual. Lo llevaré conmigo, por el aquel de nuestra vieja amistad. Yo pago el viaje y usted se encarga de llevar un diario con lo que me resultará el camino más divertido. Quiero ir a un balneario, mi barba no crece como debiera -eso es también una enfermedad- y una barba es algo indispensable. Sea razonable y acepte la invitación, viajaremos como amigos, por supuesto.

Y así viajaron; la sombra hacía de señor y el señor hacía de sombra. Fueron juntos en coche, a caballo, a pie -al lado uno de otro, delante o detrás, según la posición del sol. La sombra sabía ponerse siempre en el lugar del señor, mientras el sabio no prestaba atención a semejante cosa. Tenía un corazón excelente y era sumamente cortés y afectuoso, así que un día le dijo a la sombra:

-Puesto que nos hemos convertido en compañeros de viaje y, además, hemos crecido juntos desde la infancia, ¿por qué no nos tuteamos? Sería más íntimo.

-En eso que dice -contestó la sombra, que ahora era el verdadero señor- hay mucha franqueza y buena intención, por lo que seré igualmente bienintencionado y franco. Usted, como sabio que es, sabe sin duda lo especial que es la naturaleza. Hay quien no aguanta el roce del papel gris, lo pone enfermo. A otros se les pasa todo el cuerpo si se rasca un clavo contra un vidrio. Lo mismo siento yo cuando lo oigo tutearme, es como si me empujasen de nuevo a mi primer empleo con usted. No se trata de orgullo, sino, como verá, de una sensación. Pero si no puedo permitirle que me trate de tú, con mucho gusto lo tutearé a usted, como fórmula de compromiso.

Y así la sombra tuteó a su antiguo señor.

-¡Qué absurdo -pensó éste- que yo le hable de usted y él me tutee! -pero no tuvo más remedio que aguantarlo.

(…)

La Sombra
En una pobre aldea de pescadores junto a las grises aguas del Báltico, hace exactamente 200 años, nació un niño cuyos padres eran tan pobres que lo alimentaban con historias fantásticas de hadas y brujas.

Ane Marie Andersdatten y Hans Andersen eran sumamente pobres. Cuando se casaron carecían de muebles y tuvieron que construirlos con sus propias manos, aprovechando la madera que caía en su poder. La cama del matrimonio la hicieron con los restos de un ataúd. En esa cama nació el 2 de abril de 1805 su hijo Hans Christian, en la ciudad de Odense, Dinamarca.

Auto Navideño

24 de Diciembre de 2004

He aquí un texto navideño en comunión con nuestro Creador y la religión que nos han enseñado que profesa. Su autor es Hugo Ball, personaje insigne del añorado Cabaret Voltaire.

Hugo Ball
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Cadáveres, por favor

6 de Setiembre de 2004

Me gustan los relatos sensacionales, las novelas policíacas, las novelas que tratan de la muerte, del robo y de las sociedades secretas (…) Una novela en la que no ocurre ninguna muerte la encuentro una cosa carente de vida (…) un relato en el que se habla de un hombre que mata a otro tiene más interés que otro en que los personajes sólo se dediquen a hablar de trivialidades (…) una novela moral significa casi siempre una novela de crimen.

(C.K. Chesterton)

¡Claro que sí! Este tipo tiene más razón que un santo y cada vez que leo algo suyo me cae mejor. Marchando una del padre Brown para la siguiente cosecha.

Vegetarianos macabros

23 de Abril de 2004

Como ambos, el conde y la condesa, se sentasen solos a la mesa, y como de costumbre ésta tratase de salir de la estancia a la vista de la carne guisada, dando muestras del mayor asco, se le hizo evidente al conde, en toda su crudeza, la verdad de lo que había contemplado la noche anterior. Poseído del mayor furor se levantó de un saltó y gritó con voz terrible: “¡Maldito aborto del infierno, ya sé por qué aborreces el alimento de los hombres, te cebas en las tumbas, mujer diabólica!” Apenas había proferido estas palabras, la condesa, dando alaridos, se abalanzó sobre él con la furia de una hiena y le mordió en el pecho. El conde dio un empujón a la rabiosa mujer y la tiró al suelo, donde entregó su espíritu en medio de las convulsiones más espantosas. El conde enloqueció

Estupenda culmen de un relato de horror, ¿eh? Sin duda el narrador, el fabuloso E.T.A. Hoffman, está de parte del furibundo conde, pero si se lee bien este párrafo podemos llegar a otras conclusiones:

- Que la condesa era vegetariana y en lugar de “cebarse en las tumbas”, como el conde asegura, lo que ocurre es que posee un modesto huerto en los terrenos colindantes a la casa señorial.
- Que el conde sin duda padece de encefalopatía esponjiforme o alguna otra enfermendad químico-mental derivada de su abusivo consumo de carne y confunde lo ya explicado en la primera conclusión, tratando desesperadamente de dar una explicación a la sana decisión de su esposa.
- Que la condesa es víctima sistemática y diaria del rechazo y maltrato psicológico propinado por el conde, un clásico e intransigente devora-cadáveres que no entiende por qué su esposa se niega a engullir animales muertos.
- Que la condesa, harta de malos tratos inducidos por el probado incremento de agresividad que supone la ingesta de carne, se rebela contra su marido en legítima defensa, auque la narración ofrezca una imagen distorsionada de su reacción para añadir dramatismo e intensidad al horripilante relato.
- Que me encuentro al borde de la demencia y veo hortalizas y alegatos reivindicativos hasta en los más inocentes relatos de horror.

P.D.: ¡Clive Barker, Siouxsie Sioux, Mary Shelley, Dario Argento, Skinny Puppy, Captain Sensible (The Damned), Legendary Pink Dots… eran (y son) vegetarianos!.

P.D.: La página del Malvado Cocinero Vegano.