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La cabeza de Haydn

20 de Setiembre de 2008

Hoy, queridos lectores, les voy a hablar de una fantástica historia de médicos demasiado entregados a su causa, de novedosas y complejas técnicas craneales, de profanaciones de tumbas, decapitaciones y cabezas de genios expuestas en reputados colectivos decimonónicas que se disputan su propiedad… Todo apunta a una nueva novelilla steampunk de gente como Tim Powers, ¿no es cierto? Pues no, mire ud por donde: esta morbosa historia es real como la vida misma, y ocurrió aquí mismo, en el Viejo Continente.

Pero lo mejor es que nos pongamos en situación: el los albores del siglo XIX una nueva ciencia o medicina causaba furor. La Frenología consistía en el estudio de la relación entre el carácter de una persona y la morfología de su cráneo, se remontaba a oscuras teorías aristotélicas y se apoyaba en estudios como los del del pensador suizo Lavater.

Y, claro está, un buen frenólogo que necesitaba material para su objeto de estudio estaba harto de analizar calaveras de ajusticiados, que debían de tener bien desarrollada el área dedicada a la maldad y a las fechorías pero poco espacio para el intelecto y la creatividad. Ellos querían estudiar la cabeza de un genio, diablos, y si el camino hacia esa meta contemplaba la profanación y la exhumación de un cadáver qué le iban a hacer. Todo en pos de la ciencia y el conocimiento.

Música, maestro:

En una terrible noche de 1809 dos personajes de buen parecer se presentan pala y faroles en mano en el cementerio vienés de Hundsthurm, donde pocos días antes había sido enterrado el maestro compositor Franz Joseph Haydn, considerado padre de la sinfonía, hijo pródigo de Austria y, lo más importante de todo en lo que concierne a esta historia, un absoluto genio de su época. La tarea parece que no fue demasiado agradable, puesto que el cadáver estaba en pleno proceso de descomposición y un fuerte hedor inundaba la escena, pero finalmente la cabeza fue cercenada satisfactoriamente y el cráneo limpiado para su correcto estudio.

Los profanadores y frenólogos aficionados eran Karl Rosenbaum, secretario de la familia empleadora de Haydn, los Esterházy, y el funcionario de prisiones Johann Nepomuk Peter, amigo personal del compositor. Posteriormente, ambos declararon que el área de la calavera dedicada a la música estaba “fuertemente desarrollada”.

Once años después el buen príncipe Nikolaus Esterházy II decidió que había llegado el momento de trasladar los restos del aclamado compositor de la familia a un lugar más digno, junto a sus propios seres queridos en Eisenstadt. Imagínense su sorpresa e indignación cuando le comunicaron que en la exhumación de los restos no se encontró nada en el lugar en que un ser humano suele tener ubicada la cabeza. Todas las sospechas recayeron instantáneamente sobre el dúo frenólogo, y las visitas policiales no se hicieron esperar.

Rosenbaum consevaba el cráneo en una artesanal caja negra de madera en su domicilio, pero fue alertado con la suficiente antelación (benditas sean las logias y círculos cerrados tan comunes en aquel maravilloso siglo) como para poner en práctica el siguiente plan: la preciada posesión fue escondida en la entrepierna de su señora esposa, a la sazón postrada en la cama por enfermedad, el único lugar de su casa que a buen seguro los remilgados oficiales vieneses no iban a registrar. Y ahí tenemos a nuestro genio, en la situación más comprometida de su vida y no-vida juntas.

A la muerte de estos dos científicos entregados -o rufianes de dudosa moralidad, según se mire- la calavera en cuestión fue donada a la Sociedad de Amigos de la Música, donde permaneció más de medio siglo como exhibición permanente y donde los simpáticos miembros de tan selecto club podían incluso manosearla como verdadero objeto de veneración.

Tras la II Guerra Mundial, la aristocrática familia volvió a la carga en el empeño de reclamar de nuevo la reunificación del cuerpo de Haydn, esta vez en un lujoso mausoleo de nueva construcción. Tras varias triquiñuelas por parte de la Sociedad de marras, con una reticencia férrea a entregar su más querido tesoro, finalmente se acordó el descanso en condiciones y el ensamblamiento de los restos al completo. Así que, estimados lectores, podríamos asegurar que este alma atormentada al fin descansa en paz tras un ajetreo infernal e indigno de tan reputado personaje. Pero podría haber sido peor, y si no miren a Mozart.

Y hasta aquí la lección de historia escabrosa de su buen amigo el Barón Rata. No duden en volver a este destartalado diario a por futuras raciones de truculencia vintage. ¡No pierdan la cabeza hasta entonces!

El bueno de Howard (I): La Moda

1 de Setiembre de 2008

Creo que he desarrollado una capacidad para percibir la ropa que lleva un caballero y la que no. (…) Maldita sea, ¡¡O me visto con el buen gusto de Providence o me quedo en albornoz!! Algunos cortes de solapa, tejidos y modelos son reveladores. Me divierte ver cómo algunos de esos señoritingos y extranjeros se gastan fortunas en diversas clases de ropas costosas que consideran una prueba de sus gustos meritorios, pero que en realidad son su absoluta condenación social y estética… como si se pusieran un cartelito que proclamase con letras chillonas: “Soy un patán ignorante“, “Soy una rata de alcantarilla“, o “Soy un palurdo romo y sin gusto“… Vale más llevar los restos andrajosos y gastados de una ropa de gusto que lucir el traje más nuevo y flamante cuyo corte y estilo revelan los estigmas indelebles de la ordinariez y la decadencia.

Howard Phillips Lovecraft, en las cartas desde Nueva York a su tía Lilliian.

Apuesto a que si este gran hombre se diese una vuelta por un centro comercial actual tendríamos otra buena colección de terror cósmico.

La Praga de Rodolfo II: “De noche, bajo el puente de piedra”

11 de Agosto de 2008

- En la corte de Praga -escribió en una ocasión el embajador de España a su rey- lo extraordinario es cotidiano y a nadie le sorprende.

No sé si ustedes, camaradas lectores, han estado alguna vez en Praga, si han paseado por el puente de Carlos sobre el Moldava, visitado el Castillo, deambulado por el Barrio Viejo y el antiguo guetto judío, donde aún se conserva la sinagoga que según se dice esconde al inmortal Golem y el cementerio que alberga las venerables tumbas de todos esos grandes rabinos. Yo sí, y puedo atestiguar que si además poseen cierta capacidad de abstracción y evocación podrán imaginar perfectamente la ciudad en época pretérritas, sin la marabunta de turistas o vehículos y demás incómodos pero inevitables elementos modernos y discordantes.

Bien, pues desde esta turística ciudad de la vieja Bohemia, entre los siglos XVI y XVII, reinó Rodolfo II, hijo de Maximiliano I y educado en la corte de Felipe II. Su mandato, con residencia en el Castillo de Praga, supuso el empuje definitivo para convertir la ciudad en la llamada capital mágica de Europa. Rodolfo, de carácter abstraído, melancólico y taciturno, descuidó las tareas de Estado en favor de las artes y las ciencias, pero también de la magia y la alquimia. Por la corte deambulaban desde los personajes más válidos en sus áreas, como el astrónomo y matemático Kepler o el pintor Arcimboldo, hasta embaucadores de poca monta que prometían maravillas de todo tipo al crédulo Emperador. Muchos acababan en el foso o languideciendo en las mazmorras, pero valía la pena intentarlo, claro que sí.

Acompañen todo esto con cierta libertad de credo y tolerancia generalizada además de las muchas corrientes cultas provinientes del renacimiento italiano, los lazos con España y la difícil situación con el vecino Imperio otomano y tendrán el escenario ideal para imaginar historias de todo tipo. Y eso fue lo que hizo Leo Perutz, un tristemente olvidado escritor checo de la primera mitad del siglo XX que a buen seguro trataré algo más en un futuro, escribiendo un compendio de relatos interrelacionados en este marco espacio-temporal, desde la época pre-imperial de Rodolfo hasta años después de su muerte, con la Guerra de los 30 años entre católicos y protestantes ya iniciada.

En los diferentes cuentos nos encontramos con narraciones de nobles y de civiles, de de la corte pero también los barrios bajos y las peores tabernuchas. Pasen y vean: dos viejos cómicos judíos y su fantasmal percance en el cementerio, artistas pendencieros que recuerdan al crápula de Caravaggio, extravagantes barones croatas protagonistas de increíbles duelos a medianoche a ritmo de una mortal zarabanda (vaya capítulo, amigos), el venerable rabino Loew:estudioso de la cábala capaz de alterar el orden natural de los acontecimientos con su mágico poder ancestral, alquimistas que huyen a medianoche temiendo por su cuello al verse incapaces de transmutar el plomo en oro, valientes militares al mando de compañías de dragones (tropa habitual en las guerras contra los turcos) que…

Maldita sea, ¿quién puede resistirse a todo esto? ¿Y si además les digo que está escrito a la manera poética y ensoñadora de un cuento de hadas para adultos con constantes referencias a métodos cabalísticos y astrológicos reales, y conjuga impecablemente misticismo, melancolía y humor? Respuesta: nadie, o al menos nadie que deba seguir husmeando en este diario, ¡por todos los diablos!

Ejem, como iba diciendo antes del necesario exabrupto o advertencia, todos los personajes están verdaderamente cuidados, poseen alma y carácter y son capaces de encandilar por un sinfin de motivos, pero no hay duda de que las dos grandes figuras protagonistas, las que siempre están presentes de una u otra forma, son el propio emperador Rodolfo II y el poderoso judío prestamista Mordejai Meisl. El porqué de la extraña relación y los lazos espirituales y materiales que atan a ambas personalidades, provenientes de mundos tan antagónicos, no debe ser desvelado aquí, ya que el devenir de los acontecimientos está supeditado a ello y se podría decir que es la verdadera base del libro al completo.

Así que no se hable más: hagan el favor de abandonar este blog con la mayor presteza y diriíjanse a la librería de segunda mano más cercana, ya que lamentablemente el libro está descatalogado y sin reedición a la vista; o a la biblioteca, donde un servidor lo encontró sin ningún problema. Aunque, demonios, me temo que se ha convertido en un libro de cabecera instantáneo y ahora para conseguirlo me veré obligado a surcar mares y atravesar bosques y montañas cual judío errante. Sólo espero que los astros me sean favorables…

-Pero si se parece a Bernhard Russwurm -dijo el emperador y retrocedió un paso mientras levantaba un brazo-. ¿No es increíble cuánto se parece al Russwurm?

A veces el emperador se asustaba al ver caras desconocidas. Le inquietaban, creía conocer en ellas los rasgos de personas que hacía mucho que habían muerto, personas que según él le perseguían. Al general von Russwurm lo había mandado encarcerlar y fusilar hacía muchos años por haberse batido en duelo, y esta acción, cometida en un arranque de ira, pesaba sobre su conciencia. En cada nuevo rostro Russwurm lo miraba hostil y sarcástico, una y otra vez le vistitaba para amenazarle. (…)

Sin embargo, se parece a Bernhard Russwurm -gritó el emperador. Los dientes le castañeaban-. ¿Quién eres? ¿De dónde eres? ¿Vienes del infierno? (…)

Charley Bowers en la Filmoteca

22 de Setiembre de 2007

He de reconocer que no tenía la menor idea acerca de este personaje cuando lo vi anunciado en el programa de la Filmoteca Española. Las referencias no eran nada malas: animación en plenos años 20, obras aclamadas por André Bretón y demás lumbreras surrealista de la época… Y allí acabamos la srta. Chen y yo, en un palco casi vacío de este entrañable cine Doré.

Charley Bowers

Tras una pesada introducción en francés en la que, en lugar de proporcionarnos información de interés sobre la vida y obra del autor, nos avasallaron con datos acerca de dónde y cómo se encontraron las obras a proyectar esa misma tarde, comenzó El rey del Charlestón (Fatal footsteps), una frenética y disparatada fábula, mezcla de animación e imagen real, sobre concursos de baile y un granjero estúpido obsesionado por aprender charlestón; la familia del mismo, entre la que se encuentra un importante miembro de la tronchante Liga por la abolición del baile; zapatos-máquina de bailar de invención propia (los artilugios caseros imposibles son una constante en la obra de Bowers, junto a los huevos de diferentes aves)…

Charley Bowers 3El resto de las películas, de unos 20-30 minutos cada una, siguen esa tónica de humor estrafalario en situaciones deliciosamente descabelladas, todo ello haciendo uso de unos efectos visuales absolutamente impresionantes y aderezado por música de piano en vivo. Y todas ellas pertenecientes a la segunda mitad de los años 20, dado que a pesar de que su carrera en la animación comenzase alrededor de 1915, Bowers frecuentaba más los cafés que el estudio y fue incialmente expulsado de la industria que décadas después se rendiría a su talento. Tampoco el público del momento respondió demasiado bien a sus descabelladas propuestas, salvo el ya mencionado grupúsculo de intelectuales europeos.

Ante tamaño despliegue de talento anacrónico a uno siempre le embarga la falsa nostalgia (falsa porque podrán imaginar que sólo he visitado ese pasado en sueños) y se pregúnta cuándo diablos acabó el decoro, el buen vestir y la estética en lo cotidiano. Pero bueno, el aquí vuestro leal amigo ha localizado un suculento DVD en edición americana que pretende adquirir ahora mismo. Así que aquí os dejo, panda de rufianes tiralevitas. ¡Hasta la próxima entrada de este abominable panfleto!

Recursos:

  • Retrospectiva
  • Animación de Bowers, esta vez ya sonora, pero con las mismas constantes de su carrera:

Lo negro es bello

25 de Marzo de 2007

Curioseando con la futil intención de poner orden a mis viejos papeles, fotos, postales… me topé con este recorte de no recuerdo qué suplemento cultural o quizá de algún diario universitario de los que proliferaban por la Complutense y Autónoma. Habiéndolo releído años después la conclusión es que sería un crimen dejar que mi caos hogareño se lo trague una vez más y ¡voila!; he aquí la nueva entrada del diario más miserable y a la par elegante de la blogosfera hispana.

El texto es de Pilar Pedraza, indiscutible maestra del género fantástico-gótico dentro de nuestras fronteras. Espero que lo disfruten tanto como yo lo hice y sigo haciendo, totalmente de sintonía con el mensaje transmitido. Lean, lean…

Dead MagicianDice Gómez de la Serna que cuando el diablo actúa como prestidigitador, saca murciélagos de la chistera. Más recientemente, Leopoldo María Panero escribe, en su libro Palabras de un asesino (Libertarias, 1999): “Nada por aquí, nada por allá, como dicen los magos cuando de su sombrero extraen la cabeza agusanada de un muerto.” Portentoso. Cierto que si en lugar de otorgar al fútbol culto de latría, dando cuenta de sus más insignificantes e inanes avatares, los medios de comunicación se dedicaran a seguir los pasos creativos de Panero -pero sin que meta cuchara Sánchez Dragó, por favor- no digo yo que el número de necios fuera a decrecer, pero sí que al menos los aficionados a las cabezas agusanadas y los murciélagos, que somos una minoría respetable, saldríamos del abandono en que yacemos. Mientras se produce el esperado giro hacia una revolución cultural de signo dulcemente tenebroso, he conseguido sin ningún problema que en un documental de la Feria Internacional del Mueble, figure el interiorismo de la película Nosferatu de Murnau (1922) como ejemplo de elegancia, pureza y refinamiento romántico. No me dirán que no es un éxito, además de una prueba de que no todo está perdido. Ahora trato de inducir a una conocida agencia de viajes, a diseñar un Crucero por la Estigia, y estoy haciendo un hueco a los estudiantes de Historia de la Cultura en el Cementerio Municipal, para que puedan realizar sus prácticas. No cejaré hasta conseguir que figure en el nuevo plan de estudios una optativa de Necrología y Funebria. Estas cosas requieren apoyo y compromiso, porque ni el Ministerio ni las Consejerías están dispuestos a reconocer que la muerte es ley de vida y hay que estudiar sus misterios.

Espero con esta entrada sonsacar la sonrisilla cómplice de la abyecta tenbrinken, fiel seguidora y leal colaboradora de este auténtico milagro de las letras estatales, a la que espero tener el placer de felicitar en persona y echar alguna que otra charleta acerca de esa apasionante disciplina que propone: Necrología y Funebria, jeje.
Aquí van unos cuantos enlaces de interés:

William Wymark Jacobs (1863-1943) - La pata de mono

11 de Junio de 2006

Es sorprendente el recuerdo que se tiene de este autor, internacionalmente conocido por su genial y sobrecogedor relato La pata de mono, ya que en su tiempo destacó muchísimo más por su labor humorística dentro del cuento literario. Eso no quita que dedicase un buen tiempo para la producción fantástico-terrorífica, de la cual poseemos hoy día un suculento legado.

W.W. JacobsNace en Londres, pero a muy temprana edad se muda a Wapping, una agradable localidad costera de donde recibiría la inspiración para sus posteriores relatos sobrenaturales, muchos de ellos con un trasfondo fantasmal-marítimo que recuerda enormemente al maestro Hodgson. Su acaudalada familia puede costearle las dos escuelas privadas por las que transita antes de ingresar, muy joven, en el cuerpo de Correos. En esta época escribe sus primeras historias en una revista de escasa difusión subvencionada por la propia Correos. En un principio lo hace por afición y las ganancias que obtiene son meramente anecdóticas, hasta que el olfato del escritor Jerome K. Jerome lo “rescata” y lo introduce en otra revista de mucho mayor calado: To-Day. Aquí empieza su meteórica ascensión; publica una recopilación, Many Cargoes (1896), de un éxito inmediato y avasallador. Dos recopilaciones de relatos suceden a ésta e ingresa en las filas de la prestigiosa revista The Strand Magazine, donde publica, entre otros, el gran Conan Doyle. Además, se atreve con numerosas obras dramáticas y es introducido en la sociedad londinense donde pronto se convierte en un personaje solicitadísimo por su gran ingenio y buen humor.

PuñetazoUna última antología, Snug Harbor (1931), recoge todos los relatos (humorísticos y terroríficos) publicados en revistas a lo largo de su vida. Combina en muchos de ellos sus dos géneros más frecuentados con una efectividad asombrosa, haciendo gala de una inusitada pericia para la ironía y la mordacidad gracias a lo que algunos lo han comparado con el gran Ambrose Bierce, si bien el autor aquí tratado es algo más proclive para finales moralistas en los que los personajes que tontean con lo sobrenatural o los que comenten algún crimen suelen recibir un buen castigo de ultratumba. Muere de manera solitaria y algo anónima en un asilo de ancianos londinense.

La patade mono (The monkey´s paw, 1902).

“-¿Una pata de mono?- preguntó Mrs. White, llena de curiosidad.
-Bueno, en realidad no se trata más que de un pequeño ejemplo de lo que ustedes, aquí en Occidente, llamarían simplemente magia- respondió el brigadier con cierta brusquedad…”

Los White son una de las tantas familias de clase media en un típico barrio londinense, cuyo sustento proviene de una de las muchas fábricas de la zona. Padre, madre e hijo conviven con sus más y sus menos aunque siempre con un admirable buen humor. Pero toda esta jovialidad y cotidianidad desaparece con la visita de un viejo amigo de Mr. White: el brigadier Morris, recién llegado de sus viajes por la India. Aquella velada fue agradablemente amenizada a la luz de la lumbre con las historias y aventuras del recién llegado aventurero, que incluso portaba consigo uno de sus más enigmáticos trofeos: una pata de mono. El interés de la sorprendida familia crece enormemente hasta el punto de conseguir que el brigadier les ceda el extraño objeto, no sin antes ser advertidos por el militar de las nefastastas consecuencias que podría tener su uso, pues esta suerte de lámpara de Aladino tiene el poder de conceder tres deseos a su dueño, pero…

La pata de mono

No tengas miedo y pide algo, hombre

El relato se divide en dos partes: la primera incluyendo el comienzo con la rutina diaria del hogar de los White en una tarde cualquiera, la partida del brigadier bien entrada la noche, la formulación del primer deseo y el “incidente” ocurrido a la mañana ¿Qué hay abajo?siguiente. No desvelaré lo ocurrido después pues mi maldad no llega a tanto. La increible efectividad del relato reside en varios factores: lo directo de su lenguaje, sin irse por las ramas con demasiadas descripciones (como en toda la obra de Jacobs); el brutal contraste entre las situaciones joviales y humorísticos protagonizadas por la familia y los horripilantes acontecimientos acaecidos a posteriori, una vez abierta la puerta a lo sobrenatural. Contribuye también a su eficacia el seco desenlace tras las escasas páginas que abarca el cuento y la incertidumbre sobre si lo ocurrido realmente es a causa de la pata, ya que, aunque todo parece indicar que sí, el lector aún puede asirse hasta el final a un clavo ardiendo y atribuirlo todo a la casualidad o el destino.

Es considerado uno de los mejores exponentes de toda la historia del cuento de terror. No en vano, el mismísimo Bioy Casares lo incluyó en su escueta lista de cuentos perfectos (nada menos que dos) y son pocas las (buenas) recopilaciones de género que no lo incluyan. Altamente recomendado para una buena noche lluviosa, cuando el viento ulule y no sepamos distinguir entre los chirridos y crujidos de nuestro viejo mobiliario y… mejor no pensarlo, jeje.

H.C.A., 1805

3 de Abril de 2005

(…)

Pasó tiempo y tiempo y la sombra volvió.

-¿Cómo le va? -preguntó.

-¡Ay! -dijo el sabio-. Escribo acerca de lo verdadero, lo bueno y lo bello, pero nadie se interesa por mi obra. Estoy desesperado, porque son cosas a las que concedo gran importancia.

-Pues a mí no me ocurre igual -dijo la sombra-. Yo, mientras, engordando, que es lo que hemos de procurar. Usted no entiende el mundo y terminará por caer enfermo. Tiene que viajar. Me iré de viaje este verano. Venga conmigo. Me gustaría llevar un compañero. ¿Quiere usted venir conmigo, como mi sombra? Será para mí un gran placer el llevarle, ¡le pago el viaje!

-¡Qué disparate! -dijo el sabio.

-¡Según como se mire! -dijo la sombra-. El viajar le sentará de maravilla. Si consiente usted en ser mi sombra, todo correrá de mi cuenta.

-¡Esto ya es el colmo! -protestó el sabio.

-Pero así va el mundo -dijo la sombra-, y así seguirá -y se marchó.

Las cosas no le iban nada bien al sabio, la pena y la preocupación seguían haciendo presa en él, y sus opiniones sobre lo verdadero, lo bueno y lo bello interesaban tanto al público como las rosas a una vaca -hasta que al final cayó enfermo de consideración.

-¡Parece usted totalmente una sombra! -le decía la gente, y esto le produjo un escalofrío, porque le hizo pensar en ella.

-Lo que debe hacer es tomar las aguas -dijo la sombra, que vino de visita-. No hay nada igual. Lo llevaré conmigo, por el aquel de nuestra vieja amistad. Yo pago el viaje y usted se encarga de llevar un diario con lo que me resultará el camino más divertido. Quiero ir a un balneario, mi barba no crece como debiera -eso es también una enfermedad- y una barba es algo indispensable. Sea razonable y acepte la invitación, viajaremos como amigos, por supuesto.

Y así viajaron; la sombra hacía de señor y el señor hacía de sombra. Fueron juntos en coche, a caballo, a pie -al lado uno de otro, delante o detrás, según la posición del sol. La sombra sabía ponerse siempre en el lugar del señor, mientras el sabio no prestaba atención a semejante cosa. Tenía un corazón excelente y era sumamente cortés y afectuoso, así que un día le dijo a la sombra:

-Puesto que nos hemos convertido en compañeros de viaje y, además, hemos crecido juntos desde la infancia, ¿por qué no nos tuteamos? Sería más íntimo.

-En eso que dice -contestó la sombra, que ahora era el verdadero señor- hay mucha franqueza y buena intención, por lo que seré igualmente bienintencionado y franco. Usted, como sabio que es, sabe sin duda lo especial que es la naturaleza. Hay quien no aguanta el roce del papel gris, lo pone enfermo. A otros se les pasa todo el cuerpo si se rasca un clavo contra un vidrio. Lo mismo siento yo cuando lo oigo tutearme, es como si me empujasen de nuevo a mi primer empleo con usted. No se trata de orgullo, sino, como verá, de una sensación. Pero si no puedo permitirle que me trate de tú, con mucho gusto lo tutearé a usted, como fórmula de compromiso.

Y así la sombra tuteó a su antiguo señor.

-¡Qué absurdo -pensó éste- que yo le hable de usted y él me tutee! -pero no tuvo más remedio que aguantarlo.

(…)

La Sombra
En una pobre aldea de pescadores junto a las grises aguas del Báltico, hace exactamente 200 años, nació un niño cuyos padres eran tan pobres que lo alimentaban con historias fantásticas de hadas y brujas.

Ane Marie Andersdatten y Hans Andersen eran sumamente pobres. Cuando se casaron carecían de muebles y tuvieron que construirlos con sus propias manos, aprovechando la madera que caía en su poder. La cama del matrimonio la hicieron con los restos de un ataúd. En esa cama nació el 2 de abril de 1805 su hijo Hans Christian, en la ciudad de Odense, Dinamarca.

Auto Navideño

24 de Diciembre de 2004

He aquí un texto navideño en comunión con nuestro Creador y la religión que nos han enseñado que profesa. Su autor es Hugo Ball, personaje insigne del añorado Cabaret Voltaire.

Hugo Ball
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Erik Satie

11 de Noviembre de 2004

Autor reconocido de la bohemia francesa del “fin de siècle”, a caballo entre el cabaret, el simbolismo y los movimientos místico-religiosos como los Rosacruces, y las vanguardias (con especial énfasis en el dadá), Satie nunca se sintió completamente agusto enmarcándose en ninguna de ellas.

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Cadáveres, por favor

6 de Setiembre de 2004

Me gustan los relatos sensacionales, las novelas policíacas, las novelas que tratan de la muerte, del robo y de las sociedades secretas (…) Una novela en la que no ocurre ninguna muerte la encuentro una cosa carente de vida (…) un relato en el que se habla de un hombre que mata a otro tiene más interés que otro en que los personajes sólo se dediquen a hablar de trivialidades (…) una novela moral significa casi siempre una novela de crimen.

(C.K. Chesterton)

¡Claro que sí! Este tipo tiene más razón que un santo y cada vez que leo algo suyo me cae mejor. Marchando una del padre Brown para la siguiente cosecha.